Allí estabas triste, solitaria. Si te vi allí sostenida por la soledad y la melancolía tramando la decadencia de la muerte, tú, traidora amiga. Si, allí estabas desolada, magnánima anclada a tu dolor, destinada, desdichada. Con los ojos botando ríos, entrañable, sin sonrisas, estacada en los abismos de la desesperación y la locura. Pidiendo a gritos la locura de su voz, las estrellas de sus ojos, sí, yo te vi perdida en los mares oscuros de las sombras de la noche. No me viste. Yo te vi. Te sentí. Te entendí. Y cuando pude comprender tu razón, tu dolor. Te pinte. Te grabe en mi alma, oyendo la voz calida que boca ya no formulaba. Te grabe en los lienzos del tiempo. Te halle sentada en el valle de los sueños, andante, vagante, errante. Con los ojos apagados, suplicante. Gritando la melancolía atascada en tus pechos. Allí extraviada, sosteniendo las alitas de tu ángel. Sabiendo que la sangre de tu pecho no lo devolverá atrás. Si yo te vi, te sentí, por eso te plasme aquí. Por eso te escribí.
jueves
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